Backlog: para dar valor a productos y servicios

Valeria Moreno Zapata
14 de marzo de 2019
3 min. de lectura
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Para entender las necesidades de los usuarios a la hora de resolver un problema, es clave que el mercado sea amigo de la tecnología para ahorrar tiempos y costos, priorizando las actividades en el desarrollo de los proyectos, dándole un valor al negocio, así como un impacto a la industria en la cual se quiere incursionar.

Desde el análisis de marketing ágil, un proyecto es exitoso cuando satisface las necesidades de los clientes, establece unos parámetros para fidelizarlos y busca atraer nuevos consumidores, a través de diferentes estrategias de mercadeo que miden el comportamiento de los usuarios con las métricas que arrojan los motores de búsqueda y las redes sociales, con el objetivo de conocerlos lo suficiente para ofrecerles lo que quieren y hacerle la vida fácil a las personas.

La tecnología empieza a impactar al mercado a través de una adaptación en la industria, entendiendo que algunos proyectos no tienen un foco específico cuando se inician, sino que son una caja de deseos no estructurados y deben ser ordenados por una lista de todo lo que necesitan, generando funcionalidades, requisitos, mejoras y correcciones que deben desarrollarse para dar una primera versión del producto esperado.

agile marketing

Para ello, se necesitan atributos de una descripción detallada de las tareas que debe hacer el equipo. Entre esas tareas están las historias de usuarios, que se priorizan de acuerdo al valor y se actualizan de forma continua para identificar la aceptación del mercado, en cuanto a usabilidad y nuevas funcionalidades.  

Esas historias de usuario se construyen de acuerdo a la perspectiva del usuario y del cliente, quienes realmente saben qué necesitan y si el producto que se desarrollará será útil.

Precisamente, este es uno de los atributos del agilismo, diseñar productos, con entregas pequeñas y continuas, que se adapten a los cambios del mercado, acompañados de una planificación temporal, exhaustiva y rigurosa, obteniendo un aprendizaje constante, de manera que surja la posibilidad de evaluar los resultados y repetir estrategias sin perder tiempo.

Precisamente, Ken Schwaber y Jeff Sutherland, autores de la Guía de Scrum, aseguran que es allí, donde empieza a tener valor el concepto de backlog: “un artefacto que aporta transparencia, es estimado por el equipo de desarrollo y priorizado por cualquier criterio válido para el product owner (dueño del producto)”. Lee: ¿Cómo funciona Scrum? 

Estos criterios válidos dependen de un contexto, de un evento y de la respuesta que tengan los usuarios, cuando el producto está en el mercado.

experiencia

Para que el backlog, también conocido como lista de tareas, pueda ejecutarse debe estar bien definido por todos los miembros del equipo que harán parte del desarrollo del proyecto, esto significa que ellos entienden lo que necesitan y sean capaces de calcular el esfuerzo para llevar a cabo este backlog, desde el neuromarketing con el fin de diseñar un producto que encaje con las necesidades y deseos de los consumidores, factor que está cambiando todo el tiempo.

La clave está en adaptarse y adelantarse a esos cambios para que los clientes tengan una buena experiencia, tanto que sientan dependencia del consumo. Es allí, donde se identifican las cuatro “P” (Producto, Precio, Plaza y Promoción), lo que representa ofrecer el producto adecuado y en el momento preciso a los compradores.

El producto satisface un deseo, el precio se diferencia frente a  la competencia, la promoción es con el fin de darse a conocer y el punto de venta (plaza) para llegar al cliente.

En definitiva, para desarrollar proyectos, siempre se puede incursionar en el mercado con productos altamente exitosos que sean factibles, deseables y vendibles, que propongan patrones de comportamiento en torno a un mercado exigente.

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