Innovación digital: una conversación bizantina

Marcos Vélez Botero
21 de septiembre de 2018
3 min. de lectura

El 29 de mayo de 1453, mientras el emperador Constantino XI, su corte, sus más sabios hombres e incluso buena parte del pueblo discutían sobre la importantísima cuestión de definir el sexo de los ángeles, los turcos otomanos se tomaron la ciudad y el imperio.

Hoy nos da risa y nos parecen bastante perdidos los bizantinos, tratando semejante tema ad portas de la debacle, pero el tema tenía relevancia, pues el imperio reposaba en la fe ortodoxa cristiana, y el gobierno imperial y clerical gobernaron mucho tiempo parados en la capacidad de convencer a sus súbditos de ser los enlaces con Dios. Una estrategia de defensa que duró 10 siglos, el doble de lo que duró el imperio otomano.

La estrategia de la fe era difícil de descartar, pero representaba un lastre gigante, pues los súbditos del imperio ya no eran en su mayoría cristianos: profesaban la fe del islam. Ese cambio de escenario fue el que Constantino XI y su corte no pudieron entender y por eso sucumbieron víctimas de su pasado de gloria, dedicados en cuerpo y alma a una defensa, sin tener en cuenta que el pueblo para el que había sido diseñada ya no existía.

El mercado de hoy cambió, ya no somos el mercado del siglo XX. Las posibilidades de comunicación en tiempo-espacio, la capacidad de escoger, de decidir, la capacidad logística de mover bienes alrededor del mundo en un día, las nuevas maneras de entender a las familias, a los amigos y lo que es importante y lo que no han cambiado y siguen cambiando a una velocidad que supera cualquier predicción. Muchas de las plataformas de pensamiento hoy son distintas a las de hace 3 años; muchos de los patrones de comportamiento también y seguirán cambiando rápidamente.

Estos cambios de escenarios son una oportunidad gigante para negocios actuales y un lastre brutal para los negocios clásicos. Amazon, Facebook, Apple, Alibaba, entre otros han reemplazado a General Motors, General Electric, Sears (esto en escala global, pero país por país se repite el patrón). Nacen y crecen los negocios nuevos para gente “nueva” y van extinguiéndose los viejos negocios.

Análogamente a la discusión del sexo de los ángeles en Constantinopla, algunas veces me  encuentro con presidentes y equipos directivos concentrados en la “vigilancia tecnológica” como estrategia de defensa, mientras dejan completamente abandonados sus desarrollos de nuevos negocios para atender la realidad del nuevo mercado.  

Tengo que decirlo, también me encuentro con líderes y equipos trabajando en el desarrollo de nuevos negocios, sin temor de atacar sus viejos órdenes porque en últimas entienden que la defensa en el cambio de escenario no va a funcionar. Y estos casos son varios y me llenan de emoción.

Pretendo llamar la atención del primer tipo de equipos, pues los segundos la tienen clara.

Estas organizaciones que hablan de innovación a la defensiva, creen que el problema se resuelve montando un área en la organización o nombrando un responsable. Los responsables, por su parte, adoptan sabores (blockchain, app, big data, computación cuántica, etc.) como si estuvieran decorando un árbol de Navidad. Buscan encontrar la solución de sus problemas en cambios de marca, de tecnología, de proveedor o de paradigma, pero siguen pegados del negocio que les dio vida. Saben que vienen los turcos, pero no pueden dejar de hablar del sexo de los ángeles.

Las direcciones de las empresas en cuestión tienen un velo que no les permite entender la tecnología en sus distintos sabores como una herramienta al servicio de un negocio, y al negocio al servicio de un mercado.

Al haber cambiado el mercado, debe cambiar el negocio, y al cambiar el negocio, será el momento justo de cambiar la tecnología. Pero se embarcan en el orden contrario y se están botando a la caneca de la basura enormes cantidades de dinero de los accionistas de esas compañías.

Muchas veces me han invitado a participar en proyectos cosméticos, danzas de la lluvia, que son más circo para la galería de las juntas directivas que pan para los accionistas. He declinado amablemente porque la responsabilidad de un aliado como Pragma para un negocio es levantar el velo cuando existe, dejar de lado la discusión sobre el “sexo de los ángeles” para  traerlos a la discusión del nuevo mercado al que se enfrentan y cómo servirlo.

No se confundan, todos los vigilantes tecnológicos dicen ser ágiles y dicen tener al cliente en el centro, así como Constantino XI decía enfrentar a los turcos.

En Pragma entendemos que los negocios “core” operan a veces como lastre y nos ponen a conversar de temas que no son pertinentes en la situación actual, entendemos cómo construir la nueva conversación y acompañamos a las organizaciones tradicionales a construir los nuevos negocios que los seguirán haciendo grandes.

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