Valorar a los individuos y a su interacción, más que a los procesos y a las herramientas

Carlos Andrés Palacio
14 de mayo de 2017
2 min. de lectura

Debemos partir de la base de que los procesos existen en las organizaciones, independientemente de si están o no formalizados; de si son simples o complejos; o de si son prescriptivos o empíricos. Al buscar una solución a un problema de negocio, por supuesto que debe seguirse un proceso que va transformando una entrada en salidas, mediante una serie de operaciones de negocio que tienen sentido y que se relacionan entre sí para lograr un objetivo.

Para conseguir solucionar estos problemas de negocio, los procesos necesitan una serie de herramientas de distintos tipos. Sin embargo, por más procesos que tengamos adecuadamente definidos y por más idóneas que sean las herramientas que habilitan la ejecución de los procesos, sin personas con conocimiento técnico y actitud adecuada, sin las interacciones oportunas y efectivas, no se producen resultados valiosos.

El espíritu de este valor está soportado en que los procesos y las herramientas deben ser una ayuda y un soporte para guiar y ejecutar el trabajo. Los procesos y las herramientas deben adaptarse a la organización, a los equipos y a las personas, y no al revés.

En el marco específico de Scrum, podemos identificar un sinnúmero de situaciones y comportamientos que se relacionan con este valor. Pero, principalmente, la importancia de las personas y de las interacciones se evidencia en los siguientes escenarios:

  • En el entendimiento del problema de negocio y de las necesidades de los diferentes interesados, así como en las conversaciones que se propician entre estos y el dueño de producto durante todo el ciclo de vida del desarrollo, especialmente en las etapas más tempranas, en las que se definen la visión del producto y las necesidades de alto nivel.
  • En las conversaciones permanentes entre el dueño de producto y los demás miembros del equipo Scrum. Esto aplica tanto para el refinamiento y entendimiento de las historias de usuario como en la retroalimentación permanente durante las iteraciones, pero sobre todo en la ceremonia de revisión del incremento de producto.
  • En el trabajo cotidiano entre los miembros del equipo de desarrollo, pidiéndose y dándose ayuda permanente entre sí, trabajando en desarrollo por pares, en la interacción constante entre desarrollo y pruebas en el equipo, en las reuniones diarias de Scrum y, más que nada, en la comunicación del día a día.
  • En los espacios de reflexión propiciados por el Scrum Master, especialmente en las reuniones de retrospectiva de cada sprint y en las conversaciones que el Scrum Master propicia con y entre los miembros del equipo.

Podríamos buscar y encontrar muchos más ejemplos para argumentar por qué valoramos más a los individuos y a las interacciones por encima de los procesos y de las herramientas, pero la única manera de comprobarlo y ver su utilidad es mediante nuestra propia experiencia. Así que no olvidemos que, si no valoramos lo suficiente a las personas y sus interacciones, los procesos y las herramientas difícilmente nos podrán llevar por sí mismas a la consecución de objetivos y a conseguir resultados de valor.

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