Estrategia y cultura ágil

Jaime Ospina Duque
11 de junio de 2017
3 min. de lectura

La cultura se come a la estrategia para el desayuno” – Peter Drucker


En la ola actual de trabajar en la transformación digital o en la evolución digital, la frase de Peter Drucker se ha popularizado nuevamente. Por suerte estamos dejando de pensar en el adquirir cosas con el afán de demostrar que tenemos de todo (al final solo le sacamos provecho a una mínima parte). Y estamos entendiendo que el agilismo no solo es para pequeños equipos de trabajo (muestra de ello, empresas como Spotify, Amazon, Grupo Santander, BBVA, Telefónica).

Además, estamos entendiendo que por más que pensemos en estrategias, no sirve de nada si no trabajamos en la cultura. Y es por eso que agilismo se ha vuelto esa caja de herramientas de la cual podemos disponer para lograr objetivos basados en el propósito, tanto a niveles de equipos (XP, Scrum, Kanban, entre otros) y a niveles de escalamiento en la organización como lo hace (DAD, LeSS, SAFe, Nexus, entre otros).

A continuación dejo tres pasos que nos pueden ayudar a aventurarnos a conseguir el objetivo de estrategia y cultura ágiles.

Lo primero que debemos hacer para trabajar con la estrategia y la cultura ágiles en una empresa es precisamente entender la organización, es decir, entender el propósito, la estrategia, la estructura, la cultura y el talento. Cualquier trabajo que deseemos emprender sin entender estos aspectos de la organización será en vano. Es como tratar de sembrar semillas en un suelo árido y sin nutrientes: difícilmente se conseguirá algún fruto, algún cambio. Para esto debemos escuchar, abrir la mente, entender, mantenernos imparciales y, una de las cosas más difíciles de conseguir, evitar dar respuestas apresuradas.

Lo segundo que debemos entender e interiorizar son los valores y los pilares del agilismo, es decir, antes de aventurarnos a simplemente dar respuestas basadas en un marco de trabajo y soluciones sacadas de libros, debemos conocer la razón de cada una de estas. Acto seguido, emprendemos el viaje para conocer ese mundo ágil de múltiples metodologías que existen y que se pueden aplicar a cada tipo de empresa y de proyecto (nuevamente, intentando entender y aplicar lo más fiel posible antes de querer modificar e innovar, de lo contrario podríamos morir en el intento. Después profundizaremos sobre el Shu Ha Ri, sin embargo, para conocer acerca del tema, dejo la ruta de un blog aquí).

Lo tercero y último, aplicar aprovechando que tenemos esta maleta cargada de conocimiento. Llenemos esa maleta de acciones y lecciones aprendidas, ¡apliquemos! No nos quedemos en el intento, fomentemos más conversaciones generativas, interactuemos con más personas, probemos e intentémoslo, hagamos experimentos cortos y objetivos, digamos “¡me funcionó!”, pero, si nos equivocamos, gritemos “¡me equivoqué!”(lo mejor es que habremos aprendido en qué nos equivocamos y cómo salimos de esta situación). Demuestra más experiencia quien evidencia sus casos de fallo y de aciertos que el que solo muestra casos de acierto y que solo le ha ido bien.

Las herramientas adquiridas en los dos primeros pasos nunca son suficientes, porque las personas, los proyectos, las organizaciones y el negocio cambian, todo cambia. Pero, si no se cuenta con ellas, existe una probabilidad de fracaso mucho más alta.

En ese sentido, la estrategia y la cultura ágiles, el agilismo, no son una receta que se saca de un libro, no basta solo con certificarse: es un proceso de aprendizaje continuo y de aplicar constantemente estos puntos de los que hablamos, entendiendo que nuestras herramientas más poderosas son la transparencia, la inspección y la adaptación.

Este también es un proceso iterativo e incremental por que a ser maestro no se consigue de un día para otro, lograr la perfección es utópico y es un proceso interminable, pero que, si no trabajamos por ello, no experimentamos, no nos equivocamos, no luchamos, no se consigue ser mejor.

Sin embargo, este es el gran paso para trabajar en la cultura, en la transformación y en la evolución digitales. Agilismo dejó de ser una moda; ya forma parte de nuestra sangre (cultura). Desde el agilismo hemos aprendido a dejar de satanizar prácticas antiguas, demostrando con hechos y números las ventajas de ser ágiles. Lo que hemos hecho es extraer el objetivo para poder hacerlo diferente, pero sin perder de vista nunca el propósito. De igual manera, muchas empresas ya entienden que el agilismo va más allá de solo reorganizar unos puestos de trabajo, de colocar tableros, mover esos “papelitos de colores” y hacer reuniones de 15 minutos de pie todos los días.

Es decir “¡vamos de nuevo!”.

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