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Agilismo: clave para la transformación digital

La transformación digital, más que adoptar nuevas tecnologías, es cambiar la cultura y el modelo de negocio. Con agilismo, los equipos se mueven más rápido y entregan mayor valor a los clientes.

Agilismo: clave para la transformación digital

 

La transformación digital se vive de una forma muy rápida e impacta nuestras vidas en el ámbito profesional y personal. Hoy, millones de personas aprenden a través de internet, mientras que en el pasado, solo la gente con recursos económicos podía acceder a la tecnología y a la información.

El estudio 'Digital in 2018', publicado por HootSuite y We are Social, revela que más del 50 por ciento de la población mundial, o sea 4.021 millones de personas, usan internet y que “cada una gasta, en promedio, seis horas al día navegando en la web. Con tantos millones de usuarios online, la conectividad se convirtió en una forma de vida".

Esto representa que cada vez las personas son más digitales, lo que nos exige reinventarnos, buscar canales para comunicarnos con nuestros clientes de una forma natural, para escucharlos y saber cómo innovar.  La era de la transformación digital lleva a las empresas a pensar en un cambio para comprender las necesidades de los usuarios.

Es por ello, que la transformación digital tiene una relación íntima con el agilismo, permite que las organizaciones aprendan y se adapten más rápido. Todo el tiempo, los consumidores cambian su forma de comprar, por lo que las empresas deben entenderlos para estar a la vanguardia y darles lo que necesitan, en el tiempo que lo requieren.

La transformación digital no se trata solamente de adoptar nuevas tecnologías, sino también de  cambiar la cultura y el modelo de negocio. Es ahí donde el agilismo juega un papel muy importante y ayuda a los equipos a entregar mayor valor a los clientes.

La tecnología como estrategia de negocio

En la era digital, las empresas deben buscar caminos para seguir en el mercado, deben reinventarse para darles a sus clientes buenas experiencias, responder a las demandas, reducir costos, automatizar procesos y aumentar ingresos. Precisamente, la transformación digital le brinda a las organizaciones agilidad para ofrecer nuevos productos y servicios, administrar datos, mejorar la experiencia de usuario, los procesos y mitigar el riesgo.

Sin la tecnología, un negocio difícilmente avanzará en el mercado y será competitivo, pero sin un capital humano que aproveche esa tecnología, las empresas no podrán transformarse. Un cambio no solo requiere inversión, también implica liderazgo empresarial y cultura organizacional.

El libro Trabajar en la era digital: Tecnología y competencias para la transformación digital, del autor español, Luis Lombardero, dice que el actual proceso de transformación digital genera valor a las empresas y supone una ventaja competitiva en el mercado. El autor cita un estudio de la consultora Gartnet que asegura que el 25 por ciento de los negocios perderán competitividad por su incompetencia digital. “Un lujo que no se puede permitir en los tiempos que corren, ya que se trata de la base del crecimiento de las empresas”, resalta.  

El autor además explica que la transformación digital no se limita al comercio electrónico, los contenidos digitales ni a la presencia en redes sociales sino que abarca todas las esferas de la economía. Por ello, recomienda que la tecnología deberá formar parte de la estrategia de negocio global de la compañía, superando el aislamiento de los departamentos especializados para integrarse a la toma de decisiones.

El libro resalta que “el cambio tecnológico no será suficiente. Se necesitará una visión estratégica general para cambiar un modelo de negocio y llevar a cabo la transformación digital. Habrá que modificar las estructuras organizativas y las formas de trabajo para mejorar la productividad de las empresas”.

La transformación digital, más allá de la tecnología

Transformación digital

La transformación digital no se trata simplemente adoptar nuevas tecnologías, va mucho más allá: es cambiar la cultura y el modelo de negocio, es gestionar el cambio y adaptarse a él; tener el talento necesario para innovar, trabajar de manera colaborativa, ágil y con valor.

La transformación no solo requiere inversión sino también capital humano y cultura organizacional. A la hora de emprender el camino de la transformación digital, la clave es empezar por el talento y la cultura, el error es que la la ruta de inicio sea la tecnología y no saber utilizarla para alcanzar los objetivos.  

En ese proceso, hay que formar líderes y personas que trabajen en equipos eficientes que respondan a los cambios, entreguen soluciones en tiempos cortos e identifiquen qué necesita el usuario.

Las empresas que tienen una cultura ágil hacen frecuente seguimiento a su propio progreso, identifican los obstáculos, evalúan su liderazgo y la manera de mejorar su desempeño. Sin la tecnología un negocio difícilmente avanzará y será competitivo en el mercado, pero sin cultura ni un equipo autónomo, esa tecnología no tiene valor. Lee: ¿Qué hacen las empresas que buscan una innovación ágil?

Nicolás Grosman, Jefe de Investigación Económica, Alcance y Relevancia para América Latina de McKinsey & Company, dijo en conversación con expertos de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), que invertir en transformación digital no es solo una cuestión de capturar oportunidades sino de supervivencia y que la principal barrera para abordar la transformación digital es la cultura de la organización.

Invertir en transformación digital no es solo una cuestión de capturar oportunidades sino de supervivencia"

El jefe de Investigación explicó que distintas firmas se encuentran en diferentes estadios de la escalera de transformación digital y enfrentan, por ende, barreras diversas. Por ello, las clasificó así: primero están las firmas que no poseen conocimiento sobre los beneficios de la transformación digital para su negocio, donde el acceso a la información es la principal barrera; le siguen las compañías que tienen conocimiento, pero no pueden acceder a soluciones digitales, que tendrían barreras de infraestructura, regulación y financiamiento.

Además, precisó que existen empresas que pueden acceder a soluciones digitales, pero no las usan, es ahí donde la cultura juega un rol muy importante en conjunto con el talento o la disponibilidad de datos. Por último, “hay firmas usuarias de soluciones digitales, pero no llegan a un nivel de transformación a escala. Aquí se vuelve más importante el uso de tecnología de avanzada, talento más especializado enfocado en desarrollo, una cultura y una organización ágiles, datos relevantes a escala y acceso a una demanda sofisticada”.

¿Por qué la transformación digital debe ir de la mano
del agilismo?

Agilismo en transformación digital

El comportamiento de los consumidores está cambiando constantemente: los momentos de compras, sus preferencias, necesidades, sus formas de pensar y de adquirir los productos. Esos comportamientos primero cambiaban de década a década o cada lustro; después año tras año, ahora cada vez es más rápido, por lo que las empresas deben ir a esa misma velocidad o con ventaja.

Pablo Mejía, agile Coach de Pragma, explica que para que una organización iguale o mejore la velocidad de cambio que está ocurriendo afuera, es necesario que al interior de la organización haya cambios importantes desde la innovación y la manera como piensan, hasta el despliegue de los productos y servicios que ofrecen. La transformación digital habilita esa velocidad.

El agilismo permite que una organización aprenda más rápido de sus consumidores, del entorno y de sus competidores; sepa si ellos están comportándose como esperaba, así pueden sacar conclusiones para adaptarse. “Esa es la relación íntima que tiene la transformación digital con una cultura ágil”, resalta Pablo.

El agile Coach dice que para ponernos a la altura de lo que está pasando con los clientes, es necesario que las personas no estén en función de los silos (áreas a las que pertenecen), sino que se salgan de allí. “Es como si cambiaran de vecindario, ya no pertenecen a esos silos, aunque tienen el conocimiento de ellos, pero no trabajan en función de unos objetivos aislados, sino que son capaces de favorecer al cliente, de sacar un producto más rápido y de valor”, resalta.

En el proceso de la transformación digital con la cultura ágil, los equipos tienen el control, hay colaboración mutua, las personas cambian profundamente la manera cómo entendían su rol y se salen de la caja, escuchan más a los otros para poder colaborar, entienden el valor que están generando, son autónomos, tienen más responsabilidad, autogestión y poder de decisión, además, obtienen resultados iterativos e incrementales.

Así lo explica Pablo, a la vez que resalta que cuando se implementa una cultura ágil, cambian demasiadas cosas en la organización, por lo que se necesita capacitar a las personas para que aprendan a trabajar de una manera diferente y empiecen a cambiar conceptos, creencias y maneras de pensar.

Los beneficios de adoptar agilismo en una compañía dependen del nivel al que se aplique este marco de trabajo. Por ejemplo, si una área de la empresa decide aplicarlo, sus proyectos tendrán más velocidad, es decir, se incrementa el número de proyectos solo por cambiar el trabajo.    

Mientras que si se habla a nivel de un proyecto, el resultado es un alcance mucho más valioso que lo que estaba programado al principio porque en la mitad pudieron cambiar lo trazado, de acuerdo a los aprendizajes, lo que le da mayor valor  a un cliente y dinamismo a las líneas de negocio o servicios, habrá un plus diferenciador en el mercado.

Entre tanto, si el agilismo se implementa en toda la organización, esta aprende a adaptarse más rápido al mercado, comprender a tiempo los cambios de los consumidores; además los colaboradores de la empresa están felices y se reduce el índice de rotación, todo se ve reflejado en el estado de pérdidas y ganancias (PYG).

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Equipos ágiles para transformar tecnología en valor

Equipos ágilesNo sólo las empresas de desarrollo de software están adoptando metodologías ágiles, sino también organizaciones del sector financiero, educación, salud, marketing, entre otras, para dar velocidad y valor a sus proyectos. La función de los equipos ágiles es precisamente conocer al usuario para mejorar de forma incremental.

Es por ello, que en un proceso de transformación ágil, requiere de equipos de alto desempeño,  quienes dan valor, eliminan obstáculos, experimentan y aprender para resolver problemas de alta complejidad.

Estos equipos son autoorganizados y autónomos, no le temen al error porque aprenden de ellos y tienen la capacidad de tomar decisiones sin la directriz de un jefe; se enfocan en la acción y asumen riesgos que les permite lograr metas.Un equipo ágil da lo mejor de sí y tiene flexibilidad para adaptarse a los cambios aprovechando las herramientas tecnológicas y su conocimiento. 

Estos equipos tienen alto conocimiento técnico, compromiso y autogestión, con dinámicas enfocadas en desarrollar entregables en tiempos cortos, juntos se centran en el objetivo común y aceptan la responsabilidad. Prueban prototipos, recogen retroalimentación, y constantemente, están en pruebas para mejorar. Lee: Radiografía de un líder de equipos de alto desempeño

Centrarse en el cliente para innovar

La transformación digital exige centrarse en el cliente para innovar, adaptarse a los cambios y a las necesidades del usuario de manera ágil, de lo contrario, las empresas perderán oportunidades en el mercado. La esencia de la transformación digital es que alrededor del cliente se establezca un modelo de negocio enfocado en brindar experiencias eficaces, originales y sobresalientes. 

El Foro Económico Mundial en su informe La empresa digital Pasando de la experimentación a la transformación, dice que “centrarse en la necesidad primordial del cliente es una forma eficaz de desencadenar la innovación y volver a imaginar el modelo de negocio. La necesidad primordial es la esencia de lo que los clientes valoran en un producto o servicio”.

Centrarse en la necesidad primordial del cliente es una forma eficaz de desencadenar la innovación y volver a imaginar el modelo de negocio"

Ese mismo informe destaca a las plataformas Uber y Netflix por pensar y articular las necesidades de sus clientes.  “Como muestra Netflix, una visión sin carga de la necesidad primordial de los clientes puede permitir a una empresa girar y, por lo tanto, proteger su posición en el mercado”, explica el análisis al destacar que es probable que toda una generación de competidores redescubra la necesidad básica de los clientes de una empresa en este momento y cree formas innovadoras para enfrentarla.


Netflix  es una empresa que innovó en las últimas dos décadas, al poner su foco en la necesidad de sus clientes, dándoles la posibilidad de encontrar las películas que les gustan, al crear un algoritmo que identifique los gustos de sus usuarios y recomendarles películas y series acorde con sus gustos. De hecho, la plataforma dice en su sitio oficial que entrega contenido digital a cualquier dispositivo y produce programas de televisión y películas con los datos de sus 130 millones de suscriptores.

“Netflix, que hoy tiene sede en Silicon Valley comenzó como el equivalente en la industria de los medios de Sears: enviar DVD por correo desde grandes almacenes ubicados en todo el país. Su negocio actual es solo el último capítulo en la historia de una compañía que se reinventa repetidamente, siempre enfocada en entregar lo que sus clientes desean” (Netflix).

Gregorio Patiño, vicepresidente de Nuevos Negocios de Pragma, afirma que los procesos de transformación digital deben implementar soluciones que satisfagan a los consumidores y que la innovación es un tema que para muchas compañías aún es un mito o un tabú, son pocas las que hablan de automatización, reglas de negocio y robótica, tecnologías fundamentales en la transformación digital. lee: Clientes satisfechos: el valor de la transformación digital

Hace una década, las organizaciones tenían el poder en la relación con los consumidores, imponían las condiciones y las normas, podían rechazarlos porque no tenían criterios de selección, lo que cambió con la transformación digital. Precisamente, las nuevas tecnologías y redes sociales les permiten a los clientes evaluar, criticar, quejarse o recomendar marcas en tiempo real, lo que llega a muchas personas en pocos minutos.

No obstante, explica el vicepresidente, estamos en la segunda década del siglo XXI y muchas organizaciones aún tienen una visión errada, no dimensionan cómo ha cambiado la dinámica del mercado ni perciben que los clientes tienen el poder de escoger la oferta que más se acomoda a sus necesidades.

 

Por otro lado, cambió la interacción entre las empresas y los consumidores: antes se basaba en comandos, es decir, se daban instrucciones y los usuarios se satisfacían a través de interfaces. Hoy esa interacción es más fluida, se pasó de los comandos a la comunicación, por ello, desde la inteligencia artificial se hacen esfuerzos grandes para humanizar la manera como las marcas interactúan con los usuarios.

Estrategia y cultura ágil en las empresas

Las empresas están empezando a comprender que por más que piensen en estrategias, no sirve de nada si no trabajan en la cultura. Y es por eso que agilismo se ha vuelto esa caja de herramientas de la cual podemos disponer para lograr objetivos basados en el propósito, tanto a niveles de equipos  y a niveles de escalamiento en la organización.

Para adoptar una estrategia y cultura ágil, lo primero que debemos hacer en una empresa es entenderla: comprender el propósito, la estrategia, la estructura, la cultura y el talento. Cualquier trabajo que deseemos emprender sin entender estos aspectos de la organización será en vano.

Es como tratar de sembrar semillas en un suelo árido y sin nutrientes: difícilmente se conseguirá algún fruto, algún cambio. Para esto debemos escuchar, abrir la mente, entender, mantenernos imparciales y, una de las cosas más difíciles de conseguir, evitar dar respuestas apresuradas. Lo segundo que debemos interiorizar son los valores y los pilares del agilismo, es decir, antes de aventurarnos a simplemente dar respuestas basadas en un marco de trabajo y soluciones sacadas de libros, debemos conocer la razón de cada una de estas.

Después de esto, emprendemos el viaje para conocer ese mundo ágil de múltiples metodologías que existen y que se pueden aplicar a cada tipo de empresa y de proyecto nuevamente, intentando entender y aplicar lo más fiel posible antes de querer modificar e innovar, de lo contrario podríamos morir en el intento. Lo tercero y último, es aplicar aprovechando que tenemos esta maleta cargada de conocimiento.

Llenemos esa maleta de acciones y lecciones aprendidas, ¡apliquemos! No nos quedemos en el intento, fomentemos más conversaciones generativas, interactuemos con más personas, probemos e intentémoslo, hagamos experimentos cortos y objetivos, digamos “¡me funcionó!”, pero, si nos equivocamos, gritemos “¡me equivoqué!”(lo mejor es que habremos aprendido en qué nos equivocamos y cómo salimos de esta situación). Demuestra más experiencia quien evidencia sus casos de fallo y de aciertos que el que solo muestra casos de acierto y que solo le ha ido bien.

Las herramientas adquiridas en los dos primeros pasos nunca son suficientes, porque las personas, los proyectos, las organizaciones y el negocio cambian, todo cambia. Pero, si no se cuenta con ellas, existe una probabilidad de fracaso mucho más alta.

En ese sentido, la estrategia y la cultura ágil  no son una receta que se saca de un libro, no basta solo con certificarse: es un proceso de aprendizaje continuo y de aplicar constantemente estos puntos de los que hablamos, entendiendo que nuestras herramientas más poderosas son la transparencia, la inspección y la adaptación.

 A continuación,  escucha dos entrevistas con nuestros expertos de Pragma: Pablo Mejía, agile Coach, y Sergio Yepes, vicepresidente de Negocios ágiles, quienes te darán mayor contexto sobre la transformación digital y el agilismo. 

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