¿Qué solución elegir entre computación en la nube e infraestructura física?

Daniel Agudelo
5 de septiembre de 2019
4 min. de lectura
¿Qué solución elegir entre computación en la nube e infraestructura física?

En las discusiones sobre computación en la nube, es bastante común oír preguntas en torno a qué sucederá con la infraestructura física considerando que las soluciones en la nube ganan cada vez más fuerza. Sin embargo, pienso que el primer paso antes de hablar de estas consecuencias o de decidir entre un modelo u otro, es importante entender muy bien sus definiciones y diferencias.  

¿Qué son infraestructura física y computación en la nube?

La infraestructura física

También conocida como infraestructura on-premise, hace referencia al conjunto de dispositivos necesarios para soportar los servicios tecnológicos de una compañía que están instalados físicamente en sus oficinas. Estos dispositivos en su gran mayoría son servidores, cableado, dispositivos de almacenamiento, nodos de virtualización, dispositivos de red y seguridad, entre otros. Estos dispositivos son el canal de comunicación principal de las empresas, tanto en el interior de ellas como en la Internet, y son comunes a diferente escala, tanto para empresas que consumen servicios en la nube como para las que aún no lo hacen. Además, estos dispositivos suelen estar resguardados en un cuarto con temperatura controlada y acceso restringido, llamado centro de datos o datacenter en inglés. 

La infraestructura en la nube 

Esta no es más que un conjunto de datacenters interconectados entre ellos y hacia Internet. Están ubicados en las instalaciones de algún proveedor en algún lugar del mundo. Los recursos de infraestructura física del proveedor de nube se exponen en Internet para ser consumidos como servicios. El proveedor es el encargado de administrar los recursos de infraestructura y el espacio físico donde están instalados. 

Lee: ¿Qué es y para qué sirve la computación en la nube?

¿Cuáles son sus diferencias?

  • Latencia

Ahora, hablando de las diferencias, la primera de ellas es la latencia. Esta se define como el tiempo que se tarda un paquete de información en viajar entre dos puntos. La latencia depende de la distancia geográfica entre los dos puntos y la velocidad de la conexión entre ellos. 

Imaginemos, por ejemplo, que desde una empresa se está intentando descargar una imagen que está almacenada al mismo tiempo en un servidor en la nube y en un servidor que está en el datacenter local de la empresa. Quien esté descargando la imagen percibirá una velocidad de respuesta casi inmediata desde sus servidores, donde la latencia de sus conexiones puede ser inferior a un milisegundo, en comparación con el consumo de recursos a través de Internet, cuya latencia usualmente es superior a diez milisegundos. Impresionante, ¿cierto? 

Pero pensemos en un caso más dramático, ¿qué tal si fallan uno o varios discos duros del servidor local donde está almacenada esa imagen?, ¿crees que sería posible reemplazarlos y recuperar su información en minutos? En este caso, la respuesta sería no, pues una falla de este tipo podría ser catastrófica e implicaría la pérdida total de la información. El panorama es completamente diferente cuando hablamos de infraestructura en la nube, dado que el servicio de almacenamiento se puede configurar para ser replicado en múltiples ubicaciones geográficas. Además, la versatilidad, la elasticidad y la facilidad de aprovisionamiento de la nube nos permiten cambiar discos, servidores e incluso aprovisionar infraestructuras completas en minutos, lo que da una mayor tolerancia a fallos.

Así, vemos que, aunque ambos tipos de infraestructuras basan su operación en datacenters físicos, no son iguales. La nube cuenta con una mayor tolerancia a fallos, alta disponibilidad y facilidad, mientras que encontramos una mayor velocidad y gobierno en la infraestructura física local. 

Por otro lado, la velocidad de conexión y la disponibilidad de nuestro canal de Internet es una parte fundamental para el trabajo con recursos en la nube, algo que no afecta de la misma manera a la infraestructura local; sin embargo, esta se ve afectada por la disponibilidad del suministro eléctrico o un posible desastre natural. 

En términos de seguridad, en el mercado de tecnología se tiene una inclinación más fuerte hacia la infraestructura física

  • Seguridad

En términos de seguridad, en el mercado de tecnología se tiene una inclinación más fuerte hacia la infraestructura física, pues se cree que tener el control de los dispositivos evita vulnerabilidades de seguridad. Sin embargo, esto demandaría un trabajo de ingeniería muy detallado, que no todas las empresas están en la capacidad de asumir. 

Se piensa, además, que la nube es insegura, dado que no conocemos la ubicación geográfica exacta de la información. Pero la verdad es que los proveedores de nube se han ocupado de una gran parte de estos aspectos de seguridad, estableciendo un modelo de responsabilidad compartida. Mientras el proveedor de nube garantiza la seguridad de todos los recursos tecnológicos, el usuario es responsable únicamente de garantizar la seguridad de las aplicaciones que despliegue en la nube.

  • Costos

Respecto a los costos, en el mercado de tecnologías se piensa que la nube es más costosa que la infraestructura física; pero generalmente este no es el caso. A diferencia de la infraestructura física, la nube no requiere una inversión inicial, pues el modelo de cobro es por consumo. 

Por otro lado, cuando se invierte en infraestructura física hay múltiples variables adicionales que se deben considerar, como el cobro por suministro eléctrico, el costo asociado al control de temperatura en los centros de datos, la depreciación de los equipos, los impuestos asociados a estos activos, entre otros. 

Y, finalmente, es importante considerar que en la nube es posible rastrear detalladamente el consumo de los recursos, de manera que se puedan optimizar constantemente.  

¿Entonces qué solución elegir?

Considero que incluir las variables que hemos explicado nos ayuda a tener una visión más clara de cuál es la infraestructura ideal para que se adapte más a nuestras necesidades. Además, esto permite plantearnos posibles escenarios donde podamos aprovechar los beneficios de estos dos tipos de infraestructura y ofrecer soluciones tecnológicas mucho más eficientes.

Finalmente, con respecto a la pregunta habitual sobre cuál es la infraestructura ideal para mi empresa, pienso que la respuesta va a depender de las particularidades de cada compañía.  Es necesario hacer análisis de ingeniería detallados, de experimentar y aplicar, de implementar y probar en un proceso de ensayo y error con retroalimentación constante.

Además, debemos tener claro que el mercado de tecnología es muy cambiante y no debemos tener miedo de apuntar hacia una nueva dirección o de utilizar nuevas herramientas en nuestro camino, pues ellas están diseñadas con el propósito de simplificar los procesos y darles más valor a nuestros productos y servicios.

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